19/9/22

TODO FUEGO ES POLÍTICO: LA PIROMANÍA COMO HERRAMIENTA PARA EXPANDIR LA FRONTERA EXTRACTIVISTA


La gran cantidad de incendios de campos naturales provocados a lo largo y ancho del país, en la mayoría de las provincias, están provocando la destrucción masiva de los humedales y los bosques nativos, con toda su riqueza biológica (flora y fauna nativas), pero además está generando problemas de salud en la población y comprometiendo su futuro. La situación se da en medio de un debate por el bloqueo oficial a la sanción de una Ley de Humedales y el incumplimiento sistemático a la Ley de Bosques Nativos en todas las provincias. El lobbyng corporativo del extractivismo hace las veces de operador político para frenar o incumplir esta legislación, ya que es el principal beneficiario de las quemazones y además recibe beneficios del propio Estado, con el subsidio a la importación de insumos y las facilitaciones para acceder a la disponibilidad de divisas para exportar y en algunos casos liquidarlas en el exterior. El propio estado a su vez facilita un manto de impunidad para incumplir con la legislación ambiental vigente y además, persigue y reprime a quienes alertamos y nos oponemos a esta situación.



TERRAPLANISMO MEDIÁTICO PARA APAÑAR PIRÓMANOS

La física es una ciencia que tiene más de 2.500 años de historia. Entre miles de temáticas abordadas a lo largo de todo ese tiempo, ha estudiado la temperatura de ignición de los elementos de la naturaleza. Por ejemplo, hace siglos que se ha podido comprobar que la madera solo puede arder espontáneamente cuando el aire alcanza una temperatura de entre 320°C y 400°C. También se sabe que la hierba seca solo puede hacerlo entre los 230°C y los 300°C. En ambos casos se trata de temperaturas inalcanzables bajo las condiciones climáticas de la atmósfera terrestre, aun siendo estas las más extremas que se hayan podido registrar. Son cuestiones que están tan comprobadas como (por ejemplo) la redondez de la Tierra...
No obstante haber milenios de leyes científicas, teorías demostradas e información disponible y accesible en todos lados (hasta en wikipedia); también hay quienes creen o pretenden hacernos creer (al mejor estilo coso terraplanista) que el calor, el viento, la sequía o el cambio climático generan los incendios de humedales o bosques nativos que hoy suceden en todo el país...
Bueno, si, fuegos espontáneos puede haber, pero son ínfimas las posibilidades de que eso suceda: los únicos fenómenos naturales que generan fuegos espontáneos en la naturaleza son los rayos en tormentas eléctricas sin lluvia y las erupciones volcánicas. Está demostrado por los registros históricos disponibles, que esos sucesos (de ocurrencia esporádica y rara), sólo son responsables de generar menos del 1% de los incendios en el medio natural... Además, actualmente ni hay volcanes en erupción ni están ocurriendo tormentas en las zonas de los incendios...
Bueno, sí, también está el mito del efecto lupa del sol en los vidrios arrojados al suelo, pero al día de hoy no hay nada concreto que demuestre que eso es capaz de generar fuegos espontáneos en el medio natural. Además, estamos hablando de bosques y humedales, o sea, lugares con vegetación alta y muy densa, donde un vidrio arrojado al suelo lo mas probable es que nunca reciba a pleno luz solar...
Consecuentemente, todos los incendios que están ocurriendo se producen porque una persona arrojó a propósito un fósforo prendido en la hierba seca. Y su propagación hasta adquirir dimensiones colosales también es exclusiva responsabilidad de la negligencia humana, por no contar con un sistema eficaz de alerta temprana.
Los pirómanos lo saben muy bien, también saben cuándo, cómo y dónde prender el fuego para que la flora y la fauna nativas ardan más y mejor en el menor tiempo posible, y también saben que hay un amplio margen de impunidad para quemar libremente, hacer mucho daño y que al final toda su responsabilidad quede en la nada...
La.principal motivacion del lobbyng extractivista para quemar el territorio con todo lo que hay adentro, es (segun la región) avanzar con agronegocios, ganadería intensiva, megaminería, negocios inmobiliarios y obras de infraestructura para facilitar cualquiera de las anteriores.
Lo otro que llama la atención y que demuestra también la exclusiva autoría humana intencional en la generación del fuego (y su vinculación con el extractivismo), es que todos estos incendios ocurren en ambientes naturales, como bosques y humedales, ninguno ocurre en cultivos y forestaciones en producción, ni en los parques de los barrios privados o cascos de estancia. A lo sumo, algún campo puede ser alcanzado por un fuego vecino o alguien (también irresponsable) que se le ocurrió quemar rastrojos.
Casi siempre lo que se quema es la flora y la fauna nativas, que son patrimonio público, raramente los intereses privados particulares que únicamente son alcanzados muy ocasionalmente cuando se les escapa el fuego que ellos mismos encienden.
Para quienes tenemos amor por la naturaleza es realmente desgarrador estar percibiendo los signos inequívocos del fuego en la distancia. Por ejemplo, ver el cielo turbio y descolorido y oler a humo, sabiendo que ello representa la matanza por calcinación de millones de seres, a los que la muerte los sorprendió de una manera cruel e inexorable, sin la más mínima posibilidad de salvación...

SIRVE UNA LEY DE HUMEDALES PARA QUE PAREN DE QUEMAR?

La lucha por una Ley de Humedales es genuina y así lo demuestra su oposición por parte del gobierno y las corporaciones. Esta cuestión además es reveladora del rol fundamental que tiene la piromanía en los negocios particulares que generan plusvalía a partir de la destrucción de la naturaleza.
El reclamo no es por cualquier Ley de Humedales (como la que ahora se apura a aprobar el gobierno para saldar su necesidad de protagonismo político en el tema, ante la suma de miradas que lo apuntan como principal responsable), sino la versión consensuada tras varios años de trabajo social y técnico interdisciplinario, que ha sido insistentemente frenada por años en el Congreso, por acuerdo de los partidos de ideología política extractivista.
De todos modos, si bien esta ley (en su versión socialmente consensuada) es necesaria, su sanción no implicará que dejen de quemar los bosques y los humedales, ni que estos ambientes estén a salvo por el solo hecho de aprobar una ley que diga que están protegidos y/o prohíba su destrucción.
Sabido es que Argentina no ha dejado de estar en el top ten mundial de la deforestación tras la sanción de la Ley de Bosques Nativos. Tampoco la sanción de la Ley de Glaciares dejó de lado la intencionalidad del gobierno de imponer la megaminería en estos ambientes naturales.
Por el contrario, el Estado en todos sus ámbitos no sólo ha bloqueado la implementación y aplicación efectiva de estas y otras leyes ambientales, mediante los más diversos y rebuscados vericuetos y maniobras legales; sino que ha dedicado todos sus esfuerzos a implementar una sistemática persecución ensañadamente violenta hacia quienes denunciamos y resistimos a quienes las violan (incluido el propio gobierno y sus funcionarios), recibiendo como única respuesta toda la punitividad y violencia de los aparatos represivos del Estado.
Consecuentemente, una Ley de Humedales es necesaria (en su versión socialmente validada), pero solo se protegerán esos ambientes cuando se implemente la misma de manera efectiva, se aplique su régimen sancionatorio hacia quienes los destruyen y se desarticulen todos los mecanismos estatales que promueven su depredación, como las concesiones mineras, petroleras, forestales, agrícolas, ganaderas, pesqueras, hídricas y de tierras fiscales que los afecten directa o indirectamente.

LA INFLUENCIA DEL EXTRACTIVISMO COMO IDEOLOGÍA Y POLÍTICA DE ESTADO.

Las causas que motivan a dar rienda suelta a los pirómanos que queman los humedales y el bosque nativo no son otras que la implementación del extractivismo como política de estado. Esto es básicamente porque todos los partidos políticos patronales que controlan y administran la cosa pública son de ideología política extractivista.
El extractivismo es una ideología política que considera commodities a los bienes comunes naturales, pregonando como uno de sus postulados dogmático su privatización y mercantilización; por sobre su libre disponibilidad para la subsistencia y el mantenimiento de los modos de vida tradicionales de las comunidades locales. Otros postulados dogmáticos del extractivismo, tales como la optimización de las ganancias de las corporaciones extractivistas como razón de ser de su existencia, y la priorización de sus negocios por sobre los intereses colectivos de la sociedad, son parte del problema. También lo es la decisión de todos los poderes del Estado de asumir como externalidades todos los pasivos, daños e impactos negativos, socioambientales y económicos, que generan las operaciones de estas empresas; en lugar de exigirles que se hagan cargo de ellos y respondan solidariamente, tanto penal como civilmente por ellos; y además que su cuantificación económica figure en los balances contables de las empresas.
Por esta misma razón, para terminar con la manía de prenderle fuego a la naturaleza (y además, dejarla que se queme), es fundamental y necesario poner el foco en los intereses privados que promueven estas prácticas y desincentivarlos, en lugar de promoverlos y subsidiarlos.
Es imposible vislumbrar un cambio de actitud sin un cambio de paradigma, no tan solo con discurseo oficial de ocasión que no cuestione esta suerte de status quo de que todos los poderes del Estado se pongan al servicio del corporativismo privado, controlado por personas que evidentemente no quieren al planeta y no quieren que disfrutemos de él.
Hasta entonces, como digo siempre, nuestra vida seguirá siendo cada vez más cara y comprometida.

ANTECEDENTES TÉCNICOS PUBLICADOS

Este tema no es una novedad en este espacio de expresión, en virtud de vivir bajo un régimen extractivista y ser el fuego intencional una de las herramientas para liberar territorios para sus fines. Por eso es recurrente el ecocidio ígneo en todas las zonas de sacrificio a lo largo y ancho del país y el continente. Acá algunas notas y trabajos de investigación sobre incendios en áreas naturales y su vinculación con el dicho modelo.